
Concluyendo próximamente un postgrado y a terminando mi estancia de un año y medio en Costa Rica, me dispongo a partir definitivamente fuera del país en las próximas semanas para prolongar mis estudios.
Por ello, mi situacion de conocimiento parcial del sistema costarricense desde mi vivencia como estudiante internacional, me hace sentir en la obligación de comunicar a su usted y a toda la comunidad representada por su persona, para resaltar ciertos puntos negativos y positivos sobre mi estancia en Costa Rica para que se tomen nota, se prevengan, se corrijan o se impulsen según corresponda al poder que le ha sido conferido.
PRIMERO: La gestión del permiso de Residencia Temporal: Nacido en Perú y habiendo adquirido también la nacionalidad chilena, llegué a Costa Rica por la vía legal a través de una visa solicitada con mi pasaporte peruano en el consulado costarricense en Paris – Francia. Sin embargo, al llegar a Costa Rica en el mes de febrero del 2007, la normativa sobre migración cambió y me vi en la incomoda obligación de esperar que las Instituciones se adecuaran a las nuevas disposiciones. Señalo en ese sentido el solo ejemplo de la cita que solicité el 1 de junio 2007 a la Dirección General de Migración y Extranjería, para iniciar el trámite correspondiente, concediéndome la cita (después de dos horas de espera) para el 6 de agosto del 2008, es decir 14 meses más tarde.
SEGUNDO: El Trámite de entrada y salida del País: Habiendo cruzado las fronteras de Costa Rica, ya sea para ingresar o salir del territorio nacional en siete ocasiones hasta la fecha, he constatado algunas anormalidades cometidas en contra de mi persona por diversos motivos que deseo poner de realce para evitar que se proceda de tal manera en el futuro.
Así por ejemplo, en un viaje que realicé desde San José hacia Madrid el 20 de julio del 2007 con la Compañía Air Comet, agentes del aeropuerto me solicitaron en la fila de espera para registrarse, mi pasaporte y mi boleto aéreo como es costumbre. Sin embargo, a diferencia de todos los demás pasajeros a los que se les daba un acceso fácil, los agentes me hicieron preguntas de forma y de fondo que creo se extralimitan de sus funciones y que me hicieron sentirme avergonzado por tal situación pública. Así, primero uno y luego dos agentes me preguntaron entre otras cosas: “¿Porqué había comprado el vuelo e impreso el boleto aéreo en idioma francés?”; “¿Qué iba yo hacer a Europa?” al responder que yo aún disponía de un permiso de residencia europeo válido y de mostrárselo, lo verificaron le hicieron múltiples fotocopias de las dos caras y se me preguntó si no tenía otro documento europeo de identidad (como si ese no fuese ya suficiente), al responderle negativamente. Se dirigió a mi persona expresándome el hecho de que era raro de que yo no tuviera licencia de conducir (entre otros comentarios), y preguntándome como yo me transportaba allá si no tenía licencia. Finalmente después de media hora de dejar pasar a los otros pasajeros en la fila, excepto a mi, se dirigió a expresar algo (que no escuché) a un empleado de Air Comet quién me registró normalmente para abordar el vuelo.
Señalo también, que a pesar de siempre haber estado en regla con mis documentos migratorios en Costa Rica, he tenido múltiple problemas para ingresar en calidad de peruano al territorio costarricense, no así cuando he atravesado la frontera en mi calidad de chileno. Por ejemplo, en mi primer viaje a Costa Rica del 6 de febrero del 2007 con la Compañía Copa Airlines proveniente de República Dominicana, en el puesto migratorio de ingreso del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría, se me hizo esperar mucho, tratando de comprobar que la visa estampada por el Cónsul de Costa Rica en Paris estaba conforme, y se me impidió el ingreso por no tener un boleto de retorno a pesar que expliqué y demostré que estaba llegando para estudiar y que había realizado los trámites legalmente impuestos para adquirir la calidad de residente temporal en Costa Rica. No obstante, un minuto después de que se me informó que pasaría a una “zona de espera” antes de ser deportado (no se me informó a donde), decidí mostrar mi tarjeta de residencia francesa con la magra esperanza de que eso pudiera servir de algo por no tener una relación ni con mi país de nacionalidad, ni con Costa Rica, pero a mi sorpresa fue gracias a ese documento que se me dejó el ingreso al país, quedándome yo con la duda de saber si todos mis trámites de visa que realicé, habían servido de algo si con la sola tarjeta de residencia francesa se puede ingresar.
TERCERO: Contratar servicios públicos y privados: Se debe de destacar la buena calidad de los servicios que se brindan en Costa Rica, no solo por la excelente calidad del agua en las zonas urbanas, el precio sumamente bajo de la telefonía nacional, la gratuidad del Seguro Social para los que no tienen recursos o la prontitud con la que se atiende un pedido en el Instituto Nacional de Seguros, entre muchos otros ejemplos. Sin embargo, la posibilidad de acceso a varios de estos servicios es difícil o imposible para los ciudadanos extranjeros, incluso para los legalmente instalados en el país.
En ese sentido, existen trabas administrativas para adquirir una línea de teléfono fija o móvil, pidiéndose para esta última la cédula de identidad costarricense o la cédula de residencia permanente, sin que exista posibilidad alguna para que un residente temporal que vive uno, dos, o más años en Costa Rica pueda contratar una línea telefónica. Esto mismo sucede con algunas variantes, para con los servicios de agua potable y electricidad. Así, para paliar ese inconveniente, muchos de nosotros, residentes temporales, tenemos que pedir prestados los nombres a nuestros conocidos costarricenses quienes amablemente acceden a tales pedidos para instalarnos los servicios básicos.
En cuanto a los bancos, sucede algo parecido, ya que estas entidades, públicas (Banco Nacional, Banco de Costa Rica) o privadas (Scotiabank) solicitan una serie de documentos, exclusivamente a los ciudadanos extranjeros, que son muy difíciles de conseguir incluso para abrir una cuenta de ahorros, algunos ejemplos que he constatado son:
- Dos cartas de recomendación de dos bancos distintos;
- Dos cartas de recomendación de clientes del banco al que se solicita la apertura de la cuenta;
- Una atestación de trabajo (cuando uno como estudiante no puede laborar);
- Un recibo de servicios públicos a nombre del solicitante (cuando, como ya explicamos anteriormente, un residente temporal no puede con su nombre contratar un servicio público);
- Etc.
Esto presupone que las condiciones de acceso a otros servicios como cuentas corrientes, chequeras, tarjetas bancarias o un préstamo sean también complicadas.
Cierto es que se evita de esta forma que Costa Rica se convierta en un paraíso financiero para personas inescrupulosas o delincuentes, pero con tales medidas inflexibles, se dificulta la aplicación de los derechos humanos a ciertos ciudadanos extranjeros, como son el derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica o el derecho a la igualdad.
CUARTO: La relación con ciudadanos costarricenses: Desde mi experiencia personal en el ámbito privado, solo puedo expresar mi agrado, y elogiar al costarricense por su hospitalidad, amabilidad y cordialidad para con el ciudadano extranjero. Cierto es que existen algunas excepciones, como ocurre en cualquier otro tema, no obstante, la persona que vive en Costa Rica puede definirla como la tierra de la amistad.
Por ello, a pesar de las múltiples dificultades administrativas que se pueden encontrar, no se siente que sea el costarricense común y corriente quién pida que el sistema sea tan estricto con nosotros, tampoco se siente una presión cotidiana de ser señalado por ellos como “el” extranjero, tampoco se puede afirmar que exista un menosprecio en contra del extranjero sino todo lo contrario, existe un deseo de diálogo e intercambio con nosotros, expresado por las múltiples actividades a vocación intercultural que se realizan en las universidades, en las escuelas, en las ciudades, en las empresas privadas. Es decir que el ciudadano costarricense en su relación cotidiana con nosotros, desde mi punto de vista, es un ejemplo de hermandad para el pueblo latinoamericano e internacional.
QUINTO: El financiamiento personal del estudiante universitario internacional: A diferencia de ciertos países europeos o americanos donde es muy complicado obtener una beca o una concesión de los gastos de universitarios, en Costa Rica esto si es posible de forma relativamente fácil cuando se comprueba que la necesidad del estudiante es real. No hay como en países sudamericanos una investigación en la vida privada del solicitante, tampoco una diferencia en los requisitos para solicitarla como en Europa, sin embargo si existe una diferencia para las tarifas que se tienen que abonar dependiendo de la nacionalidad del estudiante. Así, y según las universidades, las facultades, los institutos y los programas, se pueden hacer diferencias tarifarías conformando grupos como por ejemplo: Nacionales; centroamericanos; latinoamericanos; americanos; y otros. Esto se argumenta por privilegios o subvenciones que existen para ciertos grupos (sobretodo el para el grupo nacional), más no se afirma, desde una perspectiva también lógica, que existe una penalidad en contra del que paga más, aunque así es como lo sienten los estudiantes internacionales que abonan hasta doce veces más dinero con respecto a ciertos pagos.
En cuanto al trabajo remunerado, legalmente no es posible acumular la condición de estudiante y de trabajador, por tanto el sistema solo permite que los estudiantes internacionales que deseen estudiar en Costa Rica tengan un patrocinador, ahorros contundentes o a una familia con dinero para mantenerlo. Es decir, que el estudiante no puede contribuir con su conocimiento más allá de lo que la investigación académica le permite o eventualmente laborando ad honorem. Toda esta situación, hace perder la oportunidad de ideas talentosas para la construcción del país y provoca, para el estudiante, una falta de relación práctica con su materia de especialización, lo cual no es interesante para quien desee adquirir una experiencia rica tanto desde el punto de vista académico como profesional.
SEXTO: El modelo costarricense: Tratar de comprender Costa Rica no es solamente estudiarla, sino que también es educarse desde muchos puntos de vista. Así, este país tiene un modelo que no se pregona a él mismo como tal, ni mucho menos como el mejor, pero que debe de ser admirado mundialmente por sus garantías sociales permanentemente instaladas y aplicadas (no sin defectos) desde hace seis décadas, siendo éste el único país de Latinoamérica que ininterrumpidamente ha conservado tales garantías en beneficio del que menos tiene. Además el modelo no se limitó a la mera concesión de derechos básicos, sino que fue implementándose pasando desde el derecho de acceso a la salud y la educación gratuita, hasta instituir tarifas “sociales” para el servicio de teléfonos (que está entre las más bajas del Mundo) u otorgar incentivos económicos directos a los escolares asiduos de bajos recursos, entre otros ejemplos.
Algunas lagunas sin embargo se señalan dentro de este sistema que ha privilegiado el monopolio del Estado en muchos servicios, como la lentitud de ciertas empresas públicas (para la instalación de Internet por ejemplo) o la no descentralización de algunos servicios. Sin embargo, los bancos públicos llegan a recónditos lugares del territorio nacional, la telefonía pública está presente en las ciudades más inhóspitas de Costa Rica y las Universidades públicas son las de más prestigio en el país en comparación con las universidades privadas aunque muchas de estas últimas sean de nivel internacional.
De más está en incluir el tema de la ausencia de un Ejército en Costa Rica, ya que quizás sea éste el ejemplo mas contundente de lo que éste país tiene para enseñarnos a todos los trabajadores o veedores interesados en la paz. Por ello, la proliferación de armas de guerra es casi nula con respecto a otros países de Latinoamérica, no existe una elite militar paralela a la elite civil. No existen evidentemente riesgos de golpes de Estado militares, ni mucho menos de acciones de violación sistemática del derecho a la vida por parte de cuerpos armados como si ocurrió en muchos de los países de nuestra América, marcando a las generaciones de nuestros ancestros y en muchos casos las nuestras.
Por su parte el sistema de seguridad es uno de los más grandes defectos del modelo costarricense, la policía nacional, denominada Fuerza Pública, no tiene ni la infraestructura adecuada, ni medios aceptables para competir con la delincuencia moderna. Mucha de esta es importada de Centro y Suramérica, pero también operan bandas locales o delincuentes solitarios de altísimo peligro, ya que el fenómeno de simple delincuencia (robo) se transforma frecuentemente en un acto criminal (homicidio) sin que la sociedad parezca comprender el avance tan fugaz de este fenómeno. Desde el punto de vista judicial, la lentitud y la ortodoxia son los adjetivos maestros del sistema, las herramientas normativas existen con creces en ciertos casos y son obsoletas en otros. Por ello en los fallos penales, la inconformidad es frecuente por que las penas son nulas o bajas, pero también porque tardan mucho en aplicarse o simplemente no se pueden determinar responsabilidades por carecer de medios para generar investigaciones de alto nivel.
SEPTIMO: Finalmente, en vista de mi partida de Costa Rica no encuentro palabras más justas y emotivas de las que tuvo Víctor Raúl Haya de la Torre para con este país en 1928:
“Salgo ahora con las pupilas veladas quizás por la emoción. Por la emoción optimista y fuerte de estar seguro de que un pueblo como éste tiene que ofrecer muchos ejemplos a América. Salgo feliz de saber que dejo aquí algo de mi mismo y que llevo mucho de la enseñanza que los costarricenses me han dado con su lección de paz, de hospitalidad, de generosa adhesión al peregrino solitario de todos los caminos difíciles”
Esperando que la presente sea recibida únicamente como una colaboración constructiva para el entendimiento de los pueblos, mi deseo responde solamente a la transmisión de las perspectivas y vivencias escritas en las líneas precedentes para los fines que crean convenientes.
Carlos Gonzalez Palacios










