Blogia
Realidad y derechos humanos

El reto de constituir una ciudadanía pluricultural para desarrollar los derechos sociales

El reto de constituir una ciudadanía pluricultural para desarrollar los derechos sociales

Abstract: La formación de una unión social, como estructura que rinde efectivas las solidaridades, es compleja en los Estados andinos que albergan a pueblos que funcionan más como archipiélagos que como un conjunto fraterno. En ese sentido, la construcción de una nación (con el vasto trabajo de integración que ello implica) parece entonces complicada, y hasta impertinente en el caso del Perú. Sin embargo, la necesidad de establecer un proyecto durable de unión social continua siendo la condición sine qua non para construir un marco necesario para el ejercicio de derechos y solidaridades a escala estatal. Tomando en cuenta este contexto, parece más adaptado que el proyecto de unión social peruana se construya apelando a la ciudadanía (inclusiva y reconociendo su diversidad). Ya que la ciudadanía se funda bajo criterios netamente jurídicos y neutros, dejando de lado la abstracción de criterios culturales presentes en el concepto de nación.

Introducción

Desarrollar interacciones entre los distintos componentes de la sociedad peruana con la finalidad de alimentar la unión social, con miras a construir un sentimiento de solidaridad, activando un sistema de reciprocidades (derechos sociales) entre todos, parece ser una meta estratégica en el Perú. Si bien, la nación constituye uno de los modelos por el cual se llega a la unidad, este ideal funciona bien en los denominados Estados-nación en donde existe un margen de homogeneidad cultural sumamente amplio, fruto de siglos de estrechas interacciones sociales. No obstante, en el caso de los Estados que presentan una heterogeneidad cultural muy marcada, la construcción de la unión social a través del modelo de nación no ha surtido los frutos esperados y aparece hoy como una estrategia inadecuada en la meta de construcción de una sociedad solidaria.

 1- Firmes y felices por la unión peruana inclusiva hacia los indígenas

Las características de diversidad cultural y de valores históricamente presentes en el Perú dificultan pensar a corto plazo en la existencia de una sola Nación, es decir en una unión social soldada por valores comunes a todos. Sin embargo con el fin de pensar a los derechos sociales y en su efectividad, la doctrina progresista no se ha cansado de sostener que es prioritario construir una unión social peruana que tendrá como pretensión la construcción de una Nación. Dichas reflexiones no siendo contemporáneas. Así, en un artículo anónimo del final del siglo XVIII publicado en el prestigioso diario peruano El Mercurio, el autor se pregunta, de forma ampliamente subversiva para la época, si “es conveniente para el progreso del Perú que subsista la separación entre los indios, españoles y las castas, o sería más útil formar un solo y único cuerpo de nación?”. Más adelante el autor desconocido resalta que “sin la unión de todos los grupos humanos y sin la igualdad de estos frente a la ley no puede haber felicidad porque las partes contrarias se despreciarían y detestarían mutuamente” [1].

A partir de este artículo es interesante observar tres aspectos que constituirán luego el fundamento de las ideas políticas de una izquierda que ve como fundamental la formación de una Nación para elaborar su proyecto social. En primer lugar, el autor de El Mercurio concibe a la unión de iguales como clave del progreso (se pone en relieve a la igualdad). En segundo lugar, el problema de la desunión consiste según el autor en la separación fundada en criterios étnicos y socioeconómicos (se critica a una separación social que engloba la falta de libertades y atenta contra las capabilidades[2]). En tercer lugar, dicha desunión provoca un contexto de desprecio del otro (se critica la anti-fraternidad). En ese sentido, si estos tres aspectos se resumen, no será difícil observar la influencia francesa por cuanto las nociones de igualdad, libertades, y fraternidad (en ese orden) se aplican inequívocamente a comentario del autor. Aunque claro está, su argumentación parte de la desunión nacional constatada, que es la carencia de igualdad, libertades y fraternidad, para defender la unión nacional que, según el autor, significa lograr la efectividad de la triada (ello se traduciría tal vez en la felicidad a la que hace alusión).

En los años posteriores a la Independencia del Perú la meta de “unión” nacional, lejos de ser olvidada, aparecerá como una prioridad para los ilustrados. Así, no es anodino si el lema del Perú retiene la formula Firme y feliz por la unión, denotando así un interés particular en que la autoridad (firme) lleve por caminos de libertad e igualdad en derechos (feliz) a la senda de la unión social. Sin embargo, in fine la pretensión de unión fue imposible ya que las élites y gobernantes urbanos no buscaron la asociación voluntaria de las poblaciones indígenas (quienes representaban la mayor parte de la población) para construir una Nación que adhiera, libremente y en igualdad de derechos, a todos los componentes sociales del Perú. Nace a partir de allí el fenómeno de la exclusión social del indígena que constituirá, según el investigador peruano José Carlos Mariátegui el problema nacional mayor[3], coincidiendo con el teórico peruano Manuel González Prada quien concebía al indígena como parte integrante de la nación peruana[4].

Fruto de largas reflexiones Mariátegui sostendrá que “el indio es el cimiento de nuestra nacionalidad en formación […] sin el indio no hay peruanidad posible [y el problema indígena] no puede encontrar solución en una formula abstractamente humanitaria [. La] solución del problema indígena debe ser social[5]”. En otros términos Mariátegui no defiende solo la construcción de una unión social peruana, sino también la inclusión de los indígenas a dicha unión social. Y ello por la vía “social”, es decir de grandes reformas económicas de corte progresista. En efecto existen dos elementos que denotan la voluntad reformista de Mariátegui. Primero, el Amauta había constatado que el statu quo socioeconómico era injusto para con dichas poblaciones y, en segundo lugar, que la inclusión social de los indígenas podía servir como punto de partida para establecer una transformación socialista de la sociedad peruana[6].

La revolución mexicana, durante el primer decenio del siglo XX tendrá una influencia importante en estas ideas, constituyendo, según el internacionalista Demetrio Boersner, el primer movimiento social latinoamericano de gran amplitud, y el primer movimiento a la vez nacionalista y social-revolucionario[7]. Esta corriente calificada por Boersner como “socialismo nacional” nacerá durante la revolución mexicana por consecuencia de un doble factor: “el despertar de las masas urbanas y rurales mestizas e indígenas [y] La intensificación de la penetración económica norteamericana después de la Primera Guerra Mundial […][8]”. Es entonces el contexto de injusticia social, sobre todo para con los rurales e indígenas, añadido al colonialismo económico estadounidense que levantaron la consciencia de los particularismos indígenas y nacionales. A partir de aquí se forma entonces un movimiento revolucionario con reivindicaciones sociales, indigenistas y nacionalistas, precedente que tuvo sin lugar a dudas una influencia en toda América latina[9].

Es así como en 1924 un joven político peruano, Víctor Raúl Haya de la Torre, funda en México, donde permanecía exiliado, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), gran referente político del antiimperialismo, del latinoamericanismo indoamericano y de los partidarios de una revolución económica por la vía de la nacionalización industrias y erradicación del latifundio[10]. Haya de la Torre procederá en dos tiempos para explicar su tesis política, primero reconociendo la validez universal del socialismo, y luego insistiendo en la necesidad de brindarle un contenido nacional en relación con la realidad de cada país[11].

Sin ignorar nada de la actualidad política e intelectual latinoamericana y europea, Mariátegui desarrollará entre 1927 y 1930 una idea política del socialismo adaptada al contexto latinoamericano y sobre todo al peruano. Razón por la cual el asunto indígena aparece para Mariátegui como un elemento central del proceso de socialismo peruano. Ya que, por un lado, el indígena representaba a sociedades autóctonas y ancestrales detentoras de sistemas de reciprocidad y solidaridad (que podían servir como ejemplo para legitimar un modelo socialista latinoamericano) y, por otro lado, el indígena-campesino representaba al producto de la explotación feudal y del latifundio (pudiendo servir como base para deslegitimar al modelo del laissez faire económico) [12]. Este punto es fundamental para entender el zócalo del  nacionalismo peruano que es ante todo un proyecto ideológico de reapropiación de la economía nacional por el Estado (lejos de la acepción que tiene el nacionalismo en Europa). En ese sentido Mariátegui es bien claro sobre su intención política de socialismo nacionalista, indisociable de la transformación de la injusta estructura económica[13]. Es así como el proyecto socialista nacionalista propone, por el lado interno, recuperar la propiedad privada en manos de abusivos oligarcas que perpetuán el sistema económico colonial[14] en desmedro de los indígenas y, por el lado externo, recuperar la propiedad de las empresas que son fuente de riqueza y que están entre manos de holdings controlados desde las potencial económicas[15].

Se sobreentiende entonces que si la unión social peruana, alrededor de un supuesto marco llamado “Nación”, parece ser necesaria para establecer un marco estatal de creación y ejercicio de los derechos y solidaridades, dicha unión social o Nación no puede hacerse, según el socialismo peruano, sin tomar en cuenta al indígena. Tomando en cuenta, primero, que su inclusión se legitima por la presencia histórica que estos presentan en el territorio peruano, y segundo, que incluirlo implicaría liberarlo de las injusticias económicas que sufren a causa de la desigual repartición de las tierras y de las fuentes de riqueza. En suma, cuando el derecho y la autoridad (firmeza) no permitan atropellos contra las libertades y la igualdad en derechos (felicidad) de los indígenas, existirá una unión real entre peruanos, concretizando de forma nacional el lema del Perú.

2.  La ciudadanía como nuevo marco de ejercicio de los derechos sociales

Trabajar en la unidad puede desembocar entonces en la existencia de una Nación peruana. No obstante es trascendental que se tenga en cuenta que ese proceso puede ser largo, doloroso y de resultado impredecible. Largo puede ser el proceso ya que se trata de un trabajo multi-generacional; Doloroso puede ser el proceso puesto que durante el trabajo de consenso multicultural se deberán encontrar valores comunes teniendo que poner en segundo plano a algunos otros valores que tal vez son fundamentales según ciertas cosmovisiones. De resultado impredecible puede ser el proceso ya que después de un trabajo largo para encontrar un consenso finalmente se puede llegar a la conclusión que no hay consenso posible.

Ello significa que por un lado parece necesaria la construcción de una unidad social para generar solidaridades a escala estatal, pero que por otro lado existen extensas dificultades para que esta unión se concretice por la vía de la Nación. Ello nos hace reflexionar sobre la necesidad de distinguir dos campos que parecen importantes para una sociedad diversa: la historia y visión de mundo colectiva de cada grupo, y el deseo de cada grupo de querer participar en una sociedad común. El primer caso atañería más al campo de la cultura, el segundo caso al campo del derecho.

En ese sentido, si muchos de los pueblos que componen el Perú resultan haber funcionado como naciones durante mucho tiempo (con un derecho consuetudinario y cosmovisión propias), es difícil hacer admitir en pocos años que ahora existe una macro nación que absorbe y elimina a las anteriores. Por lo cual parece ser más factible que se admita la existencia de naciones distintas al mismo tiempo que se reconoce una unidad jurídica con algunos grandes valores compartidos. Ello conlleva a que se deje libertad al desarrollo de las diferencias culturales que se ejercen en los distintos pueblos del Perú, al mismo tiempo que se aprovechan oportunamente las voluntades de construir una unión social peruana dentro del marco jurídico de la ciudadanía.

En efecto, la “ciudadanía” presenta una doble ventaja con respecto a la “nación”: En primer lugar la ciudadanía es una entidad menos abstracta puesto que posee una definición jurídica clara. La Nación posee una definición abstracta, complicada y es considerada como una ficción jurídica inubicable factualmente, frente a ello la ciudadanía tiene la ventaja de definirse claramente, constitucional u orgánicamente, y de llevar hacia una realidad factible y no hacia una ficción. En segundo lugar, por tener un carácter estrictamente jurídico, la ciudadanía es más neutral que la nación. Así, un individuo forma parte de la ciudadanía por vía de una decisión administrativa frente a la situación de derecho del interesado, ya sea por nacimiento o naturalización. En cambio en el caso de la pertenencia a la nación, el individuo debe coincidir ciertamente con un aspecto jurídico de nacionalidad, pero en la práctica resulta que su pertenencia está supeditada también a un componente cultural. Componente que si bien no es oficial está sumamente expandido en distintos países en donde se admite la exigencia a los ex-extranjeros para que se adapten o asimilen o integren, con la consecuencia de culturalicidio que esto acarrea.

En el caso de los Estados-nación se acepta con mas holgura que se asimile la nación con la ciudadanía puesto que se conjuga el derecho con la cultura en un común denominador en el cual ya las fronteras entre uno y otro se han borrado por cuanto los valores a los cuales adhieren los individuos aparecen tanto en la norma como en la cultura. Sin embargo, en el caso de los Estados con diversidad cultural, parece arriesgado lanzarse en una asimilación entre nación y ciudadanía, porque simplemente el derecho estatal no ha llegado a quebrar las estructuras culturales (y también jurídicas) aun activas en diferentes pueblos de esos Estados.

Sin ninguna sorpresa se anota que la concepción francesa relaciona a la nación con la ciudadanía[16]. Sin embargo de forma curiosa se observa que los países de América andina han coincidido en esta concepción propia de un Estado-nación, haciéndola evolucionar solo de forma reciente en sus Constituciones con el reconocimiento (tímido o franco) de su diversidad cultural. Por ejemplo en el caso francés la Constitución declara que la Nación es única y se pasa bajo silencio los elementos que la componen[17]; En América andina, el caso tímido es el peruano donde la Constitución declara la existencia de la Nación como entidad única pero se estima conveniente reconocer su pluralidad étnica y cultural[18]; El caso boliviano es el más franco ya que su Constitución declara la plurinacionalidad, fruto del reconocimiento de la pluralidad cultural, al mismo tiempo que se declara que todas esas naciones forman parte de la ciudadanía boliviana que es única[19]

 Conclusiones prospectivas

Frente a una multitud de diferentes grupos de personas que componen el Perú (cultural y socialmente), la formación de una unión social peruana, como estructura que rinda efectivos los derechos para todos los ciudadanos fue entendida como una necesidad para activar la solidaridad a escala estatal. Muy probablemente, las ideas europeas influenciaron a los pensadores andinos y peruanos, imaginando como sus pares europeos que el modelo estatal adecuado para actuar en las relaciones sociales era el Estado-nación[20]. No obstante frente al contexto adverso de Estados andinos que engloban en su interior pueblos que funcionan más como un archipiélago que como una fraternidad, la construcción de una Nación, con todo trabajo sobre la identidad cultural que ello concierne aparece como una tarea complicada y hasta impertinente. Sin embargo la necesidad de establecer un proyecto durable de unión social sigue siendo la condición sine qua non para constituir un marco de ejercicio de derechos y solidaridades a escala estatal. Ello quiere decir que tal vez ya no sea pertinente que el proyecto de unión social tenga una meta nacionalista, fomentando la existencia de una Nación (con todas las consecuencias culturales y de identidad que ello acarraría). No obstante el proyecto de unión social fundado en la ciudadanía se presenta como más pertinente sobre todo porque esta noción es netamente jurídica y por ende más neutral. Todo ello sin desmedro del reconocimiento de una o múltiples naciones al interior de Estados que se caractericen por su diversidad.



[1] Hechos contados en cotler J., Clases, Estado y Nación en el Perú, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1978, p. 60.

[2] La capabilidad es una noción desarrollada por el Premio Nobel, Amatya Sen, que designa diversos funcionamientos interdependientes que la persona puede efectuar. Dichos estados o acciones propios del individuo, componen la libertad de construir y manejar su vida. sen A., Repenser l’inégalité, Paris, Editions du Seuil, 2000, p. 66. En ese sentido impedir que una persona desarrolle su capabilidad es atentar contra la libertad individual de establecer un proyecto de vida.

[3] liebner G., El mito del socialismo indígena. Fuentes y contextos peruanos de Mariátegui, Lima, Fondo Editorial PUCP, 1999, p. 20

[4] Ibid.

[5] mariategui J.-C., « El problema primario del Perú » in Mundial, 9 décembre 1924 in paris R., « Indigénisme et socialisme, ou le désir et le refoulé » in L’Homme et la société, no 121, 1996, p. 98.

[6] aranda bustamAnte G.-C., Mesías andinos. Continuidad y discontinuidad entre Velasco Alvarado, Fujimori y Ollanta Humala, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2009, pp. 83-84; mariategui J.-C., Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, Editorial Amauta, 1974, p. 260 et s.

[7] boersner D., Socialismo y Nacionalismo, Caracas, IEP - Universidad Central de Venezuela, 1965, p. 211.

[8] Ibid.

[9] Ibid., pp. 211-212.

[10] aranda bustamante G.-C., Mesías andinos. Continuidad y discontinuidad entre Velasco Alvarado, Fujimori y Ollanta Humala, op. cit., p. 84.

[11] boersner D., Socialismo y Nacionalismo, op. cit., p. 211.

[12] Sobre estas reflexiones véase: Ibid., p. 27; Sobre la afirmación que la poblaciones originarias del Perú hayan tenido una experiencia histórica en la constitución de un sistema de reciprocidades y de solidaridad, véase a baudin L., El imperio socialista de los Incas, Paris, Zig-Zag, 1962, p. 439; Repórtese también al artículo mariateguista publicado en Francia: “J.-C. Mariátegui et le modèle du communisme inca” in Annales, Economies, Sociétés, Civilisations, vol. 21, no 5, 1966, p. 1065‑1072; Sobre el problema de la tierra como elemento socioeconómico y contemporáneo del asunto indígena, véase a mariategui J.-C., « El problema del indio » in Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, Editorial Amauta, 1974, p. 292; Sobre este último tema repórtese también a casal J.-M., Mariátegui, El socialismo indoamericano, Lima, Proyección, 1992, p. 96.

[13] casal J.-M., Mariátegui, El socialismo indoamericano, Lima, Proyección, 1992, p. 97.

[14] boersner D., Socialismo y Nacionalismo, op. cit., pp. 210-211.

[15] A modo de ilustración véase a quijano A., Nacionalismo, neoimperialismo y militarismo en el Perú, Lima, Ediciones Periferia SRL, 1971, pp. 42-23 y 55-56.

[16] delannoi G., « La théorie de la nation et ses ambivalences » in delannoi G. y taguieff P.-A. (dir.), Les théories du nationalisme, Paris, Editions Kimé, 1991, p. 13.

[17] Se debe anotar que la Constitución francesa no define nunca a la nación, no obstante se le entiende como una entidad única (por el uso del singular para designarla: “[El Presidente de la Republica] informa a la nación […]”, Constitución del 4 de octubre de 1958, art. 16 apartado n°2) quien es sola poseedora del poder soberano (“La soberanía nacional pertenece al pueblo quien la ejerce a través de sus representantes por la vía del referéndum”, Constitución del 4 de octubre de 1958, art. 3 aparado 1ro ; véase también el art. 3 de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789). Se anota finalmente que Francia no se define constitucionalmente por  la nación sino por la ciudadanía (“Francia […] garantiza a todos sus ciudadanos sin distinción de origen, raza o religión, la igualdad ante la ley”, Constitución del 4 de octubre de 1958, art. 1ro). Ello induce a pensar que, si se asimilara la “nación” con la “ciudadanía”, se observe que tanto las definiciones de nación como la de ciudadanía trascienden de todo particularismo étnico o cultural.

[18] “[…] El Estado reconoce y protege la pluralidad étnica y cultural de la Nación”. : Constitución Política del Perú, 1993, art. 2-19, aparatado 1ro.

[19] Bolivia es un Estado plurinacional (« Estado unitario, de derecho social plurinacional comunitario », Constitución Política de Bolivia, 2009, Preámbulo, apartado n° 4) fruto de una composición histórica y cultural plural pero constituyendo un solo pueblo (“El pueblo boliviano, de composición plural, desde la profundidad de la historia, inspirado en las luchas del pasado […] y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado”, Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, Preámbulo, apartado n° 2). El Estado, garantizando el marco de aplicación de los derechos para todos, incluso en materia social  (“Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien […]”, Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, Preámbulo, apartado n° 3). Cabe anotar que en el caso boliviano, lo que se entiende como “solidaridad nacional” es la acepción de solidaridad estatal, remplazando así al marco abstracto y obsoleto de ejercicio los derechos sociales (es decir la nación) por un marco jurídico neutral y en acorde con la realidad de diversidad (el Estado y la ciudadanía).

[20] La doctrina jurídica peruana se ha interesado mucho por la actualidad académica e institucional europea, la cual ha jugado un papel de “centro del mundo intelectual” en distintas épocas. Para entender el espíritu del pensamiento francés en relación a los temas de nación y Estado repórtese a lefebvre H., Le nationalisme contre les nations, Paris, Méridiens Klincksieck, 1988, p. 79.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

2 comentarios

Alfredo Paulo Maya (Mexico) -

Buena nota para reflexionar,

La relación que guarda el Estado, cuyo poder se basa en la toma de las decisiones
políticas de los grupos sociales y su orden establecido a través de sus formas de
producción, hace que se reconozcan diferentes variables en torno a la Identidad
Cultural. Es decir la Identidad nacional es el resultado de lo que somos como nación
culturalmente constituidos con un pasado histórico común. Es una forma de expresión
del nacionalismo, cuyo significado se refiere a la territorialidad y valores comunes
compartidos por todos los grupos sociales del país. Sin embargo esto no debería
anular la existencia de las diversas culturas lo cual se expresa en el desconocimiento
legal y explícito de sus derechos como pueblos.

Saludos amicales
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Anonimo -

Pero al final la nacionalidad, ciudadania y pueblo no se llegan a confundir en los mismo? No comprendo la diferencia...
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres