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Realidad y derechos humanos

Manifestaciones en Francia: la precaridad cotidiana se enfrenta a la ignorancia de los tecnócratas

Manifestaciones en Francia: la precaridad cotidiana se enfrenta a la ignorancia de los tecnócratas

Hace unos días, correos, diarios, escuelas, estaciones de tren y otras decenas de instituciones no funcionaron correctamente en Francia debido a la movilización masiva de cinco millones de funcionarios públicos galos. Miles de personas salieron a las calles en Paris, Nantes, Rennes, Lyon y otras grandes ciudades en 148 desfiles de todo el país, en algunas de ellas los policías se mostraron agresivos amedrentando a los grupos universitarios.

El conflicto social que mueve desde hace ocho días a millones de franceses es el primero de gran envergadura que tiene que enfrentar el nuevo Presidente francés con su segundo gabinete ministerial. Sarkozy quien pronaba durante la campaña electoral la “ruptura tranquila” con respecto al régimen de Chirac, está cumpliendo sus promesas y se lanza ahora en un sistema menos social y más austero en vista de un repunte macroeconómico que le permita tener más liquidez al Estado quién terminará este 2007 con 38 mil millones de euros de déficit (10% menos de lo anunciado). No obstante los paquetes fiscales y la mediatización positiva de este cambio, todo indica que una vez más los tecnócratas han subestimado el capital de descontento que mueve a los franceses desde hace más de una década ya que dicha ruptura no tiene nada de tranquila.

En ese sentido, nada más basta con observar la progresión de los salarios y de los gastos de un funcionario público para entender, sin ser economista, que aunque no se viva una situación de carácter humanitario, no existe un bienestar social en dicho país e incluso, lo que es más grave, no se vive dignamente. Así por ejemplo, en Paris, una de las ciudades más caras del Mundo, un profesor con dos o tres años de ejercicio es pagado 1600 euros. Además, como la gran mayoría de jóvenes funcionarios no es propietaria, este profesor tendrá que pagar un alquiler que oscila entre los 900 y 1000 euros, a esto se añaden los servicios básicos (luz, gas, y teléfono, el agua estando casi siempre incluida en el alquiler) que no bajan de 150 euros en invierno. Por último, llega la alimentación que sin lujos puede costearse a unos 300 euros al mes y los abonos a transportes urbanos donde se deducen 100 euros más. Pero la pregunta es, ¿cuánto queda después de tanta reducción? Solo 150 euros… que pueden ahorrarse para pagar impuestos municipales fin de año, tasas fiscales, el impuesto anual al uso de la televisión, o las reparaciones obligatorias en caso se tenga un auto.

Cabe recalcar que en este ejemplo, no hay exageraciones, el departamento del supuesto funcionario será un 30 metros cuadrados sin vista a la torre Eiffel, y la calefacción estará apagada en la noche para evitar gastar mucho gas con el riesgo de amanecer con tortícolis o una gripe.

Esto quiere decir que a pesar de haber estudiado cinco años, y trabajado todos los días de un mes, a uno no le queda nada al final, y no se le permite al ciudadano francés común de tener un proyecto de vida para creer sin temor a la pobreza que puede fundar una familia.

Pero por dicha existían hasta las nuevas reformas provenientes de la ruptura sarkosiana, un sistema del seguro social donde todos son atendidos gratis, ayudas económicas directas para los desfavorecidos y la esperanza de llegar a los 65 años para recibir una pensión. No obstante, hoy el gobierno critica el hecho de que el seguro de salud esté en déficit cada año, como si su función debiera ser de ganar dinero a costa de los enfermos, por ello ha reducido los porcentajes de reembolso para prestaciones y ha suprimido ciertos medicamentos que antes eran gratuitos. En cuanto a la jubilación, esta pretende pasar ahora a cuarenta años de cotización, lo que quiere decir que en un país donde los empleos estables y a tiempo completo están dirigidos para los más de treinta años, la población económicamente activa de hoy se pensionará a partir de los setenta años. Lo cual no da mucha esperanza a los jóvenes estudiantes que pretendían hacer largos estudios como los científicos, médicos, abogados o profesores con calificaciones especiales.

Además, en la estrategia de aumento de fondos del Estado, las reformas de austeridad tienen como objetivo principal la supresión de puestos en la función pública lo que impedirá a miles de actuales estudiantes sobre todo en educación física, historia, idiomas, literatura y ciencias, de encontrar el puesto por el que luchan desde años en la universidad.

Por esta razón, los estudiantes, con 44 universidades cerradas, y los maestros son los más movilizados en este conflicto, pero a ellos se les unen por cuestiones más particulares a su profesión los ferrocarrileros, quienes estiman una baja del poder adquisitivo en sus sueldos, un temor sobre primeras conversaciones de privatización, una falta de compensación por el alto grado de estrés de sus labores y un cambio de reglas que no les favorece en su sistema de pensiones. Por ello, el sistema de transporte de Francia ha colapsado con personas que no pueden ir a sus trabajos, ciertos productos que no llegan a ciudades, materias primas que no pueden transportarse y perdidas que superan, según el ministro del presupuesto, los 500 millones de dólares en declaraciones hechas ayer a radio France Inter.

A pesar de no haberse mostrado mucho desde el inicio del conflicto, delegando su habitual figuración a los ministros, el Presidente Sarkozy ha declarado este martes 20 de noviembre, en un congreso de alcaldes, que no cederá frente a las protestas, siendo esta una actitud que en el movimiento social precedente (del 2006) llevó al desprestigio del ex ministro De Villepin. Sin embargo, parece que Sarkozy cree en su imagen de hombre fuerte y en el fiel apoyo de un segmento de la población conservadora y empresarial.

Pero sea cual fuere su estrategia, esto demuestra indiscutiblemente que la luna de miel de aprobación popular post electoral de la cual Sarkozy no benefició mucho, esta vez si parece haber terminado. Por ende, si el Presidente no mejora su estrategia social, en lugar de economizar con el dinero de los trabajadores y de los pobres, los tendrá siempre como enemigos en las calles y quizás también en un futuro en las urnas.

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